Este martes conversamos sobre “Ciencia y Nueva Constitución”. Esta importante iniciativa contó con la participación de importantes profesionales vinculados al ámbito científico de nuestros país: José Maza, uno de los más destacados Astrofísicos chilenos, profesor de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Ciencias en 1999; Salome Martínez, doctora en Matemática quien participa del Centro de Modelamiento Matemático, también de la Universidad de Chile; Miguel Roth, también Astrofísico y que actualmente es vicepresidente del proyecto Telescopio Magallanes Gigante; también estuvo José Miguel Benavente, profesor en la Universidad Adolfo Ibáñez y consultor del Banco Interamericano del Desarrollo; y , finalmente Alejandro Jofre, ex Director del Centro de Modelamiento Matemático y hoy Prorrector de la Universidad de Chile.

Guillermo Larraín propone hablar sobre como o de qué manera la Ciencia y Tecnología pueden contribuir al desarrollo de Chile y aportar a la Nueva Constitución.

Maza, en primer término y luego los otros panelistas, coinciden en que la clave para que Chile llegue a ser un país desarrollado es “educación, ciencia y tecnología”.

Pero esta educación no puede ser cualquiera. Debe ser una que se proporcione a todas y todos , de carácter universal, y de la más alta calidad. Calidad que debe estar asegurada en todos sus niveles, desde la inicial o preescolar hasta la Universitaria.

Así, la constitución debe reconocer el Derecho a la Educación durante toda la vida. ¿Por qué?.

Porque hoy el avance científico y el cambio tecnológico es de tal rapidez, que las personas deben estar en una permanente actualización o reconversión.

Por otra parte, la ciencia y tecnología debe estar centrada en las universidades y centros de investigación.

Desde allí debe aportar al desarrollo de la ciencia, propiamente tal, y a la transformación del proceso productivo del país. Chile ha estado “acostumbrado” a basar su modelo económico en la producción de bienes naturales. Por ahí se dice que los más elaborado que produce es el vino. Esto tiene que cambiar, con el apoyo de la ciencia. Mientras no se sofistique o se avance en la complejidad de los procesos, Chile no va a ser un país desarrollado.

Hay algunas constituciones en el mundo que reconocen que el país y sus ciudadanos tienen derecho a beneficiarse de los avances científicos y desarrollo productivo que la nación va alcanzando.

Para esto también se requiere un cambio cultural. Hay que acostumbrarse a hacer las cosas bien, a la educación continua, a pensar en forma ordenada.

Se requiere pensar en “desafíos” y “misiones” de largo plazo que motiven a la ciudadanía y fijen metas a alcanzar, susceptibles de seguir y evaluar. Que permita que definir nuevos desafíos y metas cuando ya se han alcanzado las anteriores.

Todo lo dicho requiere desde el Estado y gobierno inversiones contundentes, agresivas, que empujen fuertemente el avance de la educación y el desarrollo de la ciencia, la tecnología y los procesos productivos. Se debería llagar, por ejemplo, a una inversión en este ámbito, del 4% del PIB, como lo tiene Corea del Sur o Finlandia y superar largamente el 0.34% de hoy.

Guillermo Larraín termina expresando que «la Nueva Constitución va a poner la estructura de la casa y que la Nueva Democracia, por medio de la educación, la ciencia y la tecnología, va a ir determinando, donde poner el baño, que tabiques levantar y otros detalles de esta casa de todos».

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