Aun cuando está en discusión la realización del proceso electoral del próximo 10 y 11 de abril, el debate relativo al mecanismo constituyente continúa y hoy lo vamos a seguir con un viejo amigo, Eduardo Bitran , doctor en Economía de la Universidad de Boston y exministro de Obras Públicas.

Queremos conversar con él desde su condición de expresidente de la CORFO , sobre política industrial y diversificación productiva. La idea es conversar desde una perspectiva más macro y que tiene que ver con la matriz productiva chilena y como establecer políticas industriales y de desarrollo productivo y que puedan permitir una diversificación de las fuentes productivas en Chile. Esta discusión es importante porque hay obstáculos en leyes constitucionales y en la propia constitución que habría que considerar si se quiere dar un salto adelante.

Eduardo Bitran inicia señalando que esta es una «discusión muy antigua y que ha estado marcada por concepciones ideológicas, en especial por los Chicago boys, que sostienen que el Estado tiene poco que ver con los procesos de desarrollo productivo y deja todo entregado al mercado. Esta visión que ha imperado en algunos tiempos y lugares no puede ser más lejana de la que se tiene hoy en la OECD, donde Chile participa. En este club se propende a que los Estados influyan en las políticas y procesos productivos que aporten al bienestar de las naciones y que permitan generar empleos de mejor calidad».

Chile estuvo anclado en la exportación de productos naturales, luego hubo algunas iniciativas destinadas a la exportación de nuevos productos como la madera, pero que curiosamente partió con impulso del estado al otorgar subsidios a la plantación de especies forestales. Similares condiciones se pueden reconocer en la industria salmonera o de los berries, que se inician gracias a iniciativas y aportes del Estado, sea a través de CORFO o de Fundación Chile. Son ejemplos de diversificación productiva. Sin embargo este esfuerzo se empieza a detener y ya hará unos 15 años que no aparecen nuevos procesos productivos. Pero hay que reconocer que ellos se han ido agotando, varios por la sobre explotación de los recursos.

Al agotarse estos procesos y al arribar la digilititación del trabajo, plantea la necesidad de nuevos conocimientos y habilidades así como nuevos desafíos para el futuro. Entonces, el futuro del trabajo amerita nuevas políticas de desarrollo productivo donde se vaya sofisticando y diversificando la matriz productiva.

Aquí cabe la pregunta de cuáles son las trabas legales o constitucionales de impiden que el Estado asuma un rol más activo para analizarlos y superarlos

Hoy en el mundo y, en especial en los países de la OECD, el Estado juega un rol muy activo en impulsar nuevas e innovadoras cadenas productivas. El Estado tiene un rol importante para crear, estimular y coordinar actores que empujen nuevos actividades que generen mejores empleos y bienestar para la sociedad. Y estos esfuerzos no son de corto plazo, sino que son de largo aliento. Pero, además, esta tarea del Estado no es solo al interior del país sino que también en el ámbito internacional.

Cuando se diseñan políticas de largo plazo, se debe cuidar que los cambios que en ellas se produzcan sean por efecto de procesos evaluativos objetivos y no por meros cambios de gobiernos. Se requiere de tiempo para la maduración y cosecha de los frutos que se traducirá en mejores empleos y bienestar social.

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